No sé si el poema viene antes o después del viaje. Si el asombro es la forma en que se mira o si la forma en que se mira determina el asombro. Lo que sí sé es que cada viaje me reconstruye, me vuelve a construir desde el otro, desde su mirada, desde su lenguaje. Viajar se vuelve poema.


miércoles, 20 de julio de 2016

Santiago del Estero

En los enero de Santiago, de los cables de luz cuelgan pelucas marrones. Son unos pelucones tejidos, suspendidos a cielo abierto. Los pelos no se mueven con el viento porque no hay viento en Santiago del Estero cuando pica el verano. Ya de vuelta en Muñiz, pregunté. Silvia, santiagüeña, me dijo que son nidos de calas o de catas. Mi memoria se llenó de pájaros.

(Enero 2012)



No hay comentarios:

Publicar un comentario